martes, 20 de octubre de 2009

Cábalas de una bruja

No uso escoba voladora, no leo el chocolate, no tengo verrugas horrorosas , tampoco hago conjuros ni me declaro con autoridad para hacer cábalas ni pronósticos, pero en esta oportunidad me arriesgo a lanzar un vaticinio que quizá me pueda convertir en objeto para una ‘cacería de brujas’, aunque quizá no con el mismo alcance a la observada en los siglos XV y XVIII en Europa.

Tengo en mis manos la ponencia para el primer debate al Proyecto de Ley Número 118 de la Cámara de Representantes, con la cual se autoriza a la Superintendencia Financiera “unificar y controlar las tarifas por comisiones bancarias”. Desde ya y sin ninguna bola de cristal, veo que la iniciativa está condenada al fracaso .

¿Razones? Pese a que se ‘cura en salud’ en lo que tiene que ver con la libertad económica y la iniciativa privada y se escuda en el bien común, no creo que consiga un apoyo generalizado y más cuando el negocio financiero es uno de los más, sino el más poderoso de este país. O si no miren las utilidades del sistema: 8,6 billones de pesos a septiembre: seamos realistas.

Si a esto se le suma ‘el trancón’ de proyectos en el legislativo, no veo ni ligeramente probable que exista un mensaje de urgencia del Ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga, a una iniciativa de esta naturaleza. No sólo por el amparo a la libre empresa, sino porque (y esto si hay que decirlo en voz baja) no resultaría muy acertado políticamente hablando.

La iniciativa del representante Jorge Julián Silva, conocido en la Cámara y en los medios por la paternidad de numerosos y célebres 'micos' -como el del costoso microchip para vehículos y el de la internacionalización del aeropuerto de Vichada, según el periódico El Tiempo, resultaría un verdadero bálsamo para los usuarios bancarizados de este país, quienes día a día reportan cientos de quejas no sólo por fallas en los servicios financieros sino por los excesivos costos que en lugar de permitir la vinculación de nuevos usuarios al sistema, los aleja.

Uno de los puntos llamativos de la ponencia es este: “para todos los casos estas tarifas no podrán exceder el valor correspondiente al cinco por ciento de un salario mínimo legal vigente. Las entidades bancarias quedarán en libertad de cobrar o no las comisiones, pero de hacerlo, deberán regularse por lo establecido en la presente ley”. Esto se cumpliría en el país de las maravillas.

Y este artículo tampoco deja de ser llamativo: “las tarifas acordadas por la Superintendencia Financiera serán obligatorias para todos los establecimientos bancarios y la misma Superintendencia vigilará su estricto cumplimiento y sancionará a los bancos que las infrijan, aplicando las medidas previstas en la sanción bancaria”.

Que hay abusos con las tarifas, no lo dudo. ¿Que pase esta iniciativa? voy a ver si me funciona hacer un conjuro para que así sea.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Los siete pecados capitales del inversionista

¿Y eso si da buena rentabilidad? Fue la primera pregunta que hizo Arcesio Muñoz, un pensionado de más de 70 años de edad a una promotora comercial de una fiduciaria durante una feria para inversionistas que se realizó en Bogotá hace dos semanas.

Y la segunda: ¿usted me garantiza que me van a devolver la plata?

Bueno, a estas alturas del partido cuando para más de uno es claro que hay que desconfiar de eso que “parece tan bueno”, nunca sobra recordar nuestros errores más comunes a la hora de pensar en inversiones. Y en este negocio todos somos o hemos sido ‘pecadores’.

1. La gula. ¿Le parece muy poco el rendimiento que le da ese fondo de inversión y que en el último mes reportó una rentabilidad efectiva anual de 15 por ciento? Si bien es cierto que hay portafolios más interesantes para satisfacer cualquier clase de ambición, no cualquiera puede darse el lujo de someterse a una úlcera por invertir en productos financieros en donde se puede ganar o perder todo de un sólo golpe. No olvide una premisa: el que muestra el hambre se queda sin comer.



2. La pereza. ¿Es de los que prefiere obtener rendimientos en poco tiempo y piensa que el trabajo está hecho para los mediocres? ¿ o sencillamente no le interesa ser un asalariado más y entre sus metas está hacerse rico en poco tiempo? No todos nacimos con la estrella de Warren Buffet, no se equivoque. No hay que mirar tan de reojo las inversiones en renta fija, ni pensar que diversificar el portafolio es de ‘viejitos’.



3. La envidia. ¿Su tía Genoveva se está haciendo rica porque invirtió en un fondo que replica el Índice General de la Bolsa de Valores que este año sube más de 40 por ciento? Si a ella le está yendo bien y se ‘forró’ en plata, no significa que a usted le vaya a pasar lo mismo. Generalmente al que llega tarde a la fiesta le toca bailar con la más fea.



4. La lujuria. ¿Es de los que se deja llevar por el momento y no usa la cabeza en frío para frenar en el momento en que su inversión amenaza con irse al piso? ¿Prefiere refugiarse en el ser más primario que habita en usted cuando debe tomar una decisión inteligente en su portafolio? Quizá en esos momentos usted puede ser la representación traída a valor presente del ‘Australopitecus Erectus’.



5. La soberbia. ¿Confía ciegamente en su propio análisis sobre el curso de sus inversiones y poco o nada le importa lo que digan los demás? Quizá es uno de los candidatos a ser señalado cuando después de advertirle le dicen sin más ni más un sonoro: “se lo dije”.



6. La avaricia. ¿Ese deseo desmedido por adquirir cosas para atesorarlas hizo evidente en el proceso de venta de compañías como Bavaria y Acerías Paz del Río, al punto que no desmaterializó o volvió electrónicos sus títulos valores y éstos perdieron toda validez por obra y gracia de su afán de guardarlo todo?



7. La ira. ¿Es de los que a la primera caída fuerte en un precio se va lanza en ristre contra su corredor de bolsa y lo amenaza con denunciarlo ante la Superintendencia Financiera ó el Autorregulador del Mercado, sin acordarse de que fue usted mismo quién insistió en hacer esa inversión de alto riesgo que ahora le produce un evidente ataque de nervios?.



Nota: ¿Se ha sentido identificado o conoce algún caso que valga la pena presentar en los que se hagan evidentes los pecados del inversionista? Bienvenidos sus comentarios.

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Sabe reconocer una inversión pirata?

Hace un año, cuando escribí un post sobre inversión en Forex y mencioné en particular el caso de una compañía que funcionaba bajo un esquema ‘ cuasi piramidal’, recibí uno que otro insulto y regaño por señalar a una compañía aparentemente seria, con operación en otras latitudes del mundo.

Hoy la historia es que la Superintendencia Financiera, en su afán de acabar con todo este tipo de captadoras ilegales de recursos dejó fuera del ‘ring’ a la otrora popular compañía, que si bien funcionaba al amparo de una plataforma mundial que permite la negociación de trillones de dólares diarios, ofrecía a los usuarios comisiones por la vinculación de nuevos incautos.

También recuerdo que en ese entonces uno que otro conocido me decía que iba a poner una platica en el extinto imperio de David Murcia Guzmán: que a la tía Pepa le había ido muy bien allá y que había logrado hacerse a una casita, que el maestro Albarracín había podido comprar carro y que en algunas ciudades como Pasto y Tunja, varias familias habían decidido entregarse a los brazos de gallinas de huevos de oro que les ofrecían rentabilidades que difícilmente verían en otro tipo de inversiones.

O sino que lo digan los clientes de dos cooperativas financieras que operaban en el Tolima y Santander denominadas Coopfinanciera S.A y Crediservicios S.A, que no sólo “otorgaban” créditos vía celular, sino que no tenían domicilio y por si fuera poco y sin descaro alguno le solicitaban a los clientes consignar dineros en cuentas para aparentes compras de pólizas de seguro o garantías para respaldar los créditos.

La verdad es que estos bochornosos episodios han tenido un elemento común: la ingenuidad de los inversionistas, quienes esperando tocar el cielo con las manos al poner sus recursos en alternativas dignas de aparecer en los ‘Guiness Record’ de la rentabilidad, se dejan obnubilar por falsos espejismos.

Y es evidente que la falta de educación financiera y la costumbre arraigada de familias que conciben que ahorro es sinónimo de Certificado de Depósito a Término (CDT) que a 90 días no reconoce una tasa superior a 4%, lleva a más de uno a buscar alternativas no reguladas que le ofrecen esta vida y la otra y que se esfuman sin que el cliente sepa a qué hora pasó o por qué creyó en las manos de aparentes opciones de inversión.

Por eso me inclino por inversiones de entidades reguladas (aunque casos famosos como el de Stanford tenían la bendición del gobierno de EE.UU), y no necesariamente busco rentabilidades por encima de 20 por ciento si soy un inversionista promedio, Me fijo más en la trayectoria, tradición y solidez de una entidad y desecho aquellas firmas que no tengan oficina de representación en Colombia. Eso sin contar con que hay que mirar más de una vez a quienes ofrecen cursos de bolsa e inversiones en el exterior en avisos de prensa.

Por eso es hora de abrirse a nuevas posibilidades de ahorro legal, pero manteniendo los ojos bien abiertos: es válido sospechar de rentabilidades absurdas en corto plazo y con falsas promesas de retornos garantizados, hay que confirmar que la empresa que nos quiere vender algún producto efectivamente es vigilada por la Superintendencia Financiera, hacer caso omiso de entidades que ofrecen rendimientos en otras monedas y que no cuentan con oficina de representación local y mucho menos de aquellas que ni siquiera suministran un teléfono fijo.

viernes, 17 de abril de 2009

Hasta pronto

Dice una amiga colega que los periodistas no somos el medio, ni la marca, sino la esencia. También es vehemente al afirmar que nadie deja de ser reportero por desistir de trabajar en una casa periodística o porque otros así lo vean.

Hoy me despido de ustedes, los lectores de la página web del diario, con quienes he tenido la oportunidad de compartir algunas de las experiencias ajenas o las mías, sobre temas que afectan lo que más cuidamos por estos días recesivos: el bolsillo.

La Mesa de Dinero se va de la página web de La República, pero no saldrá del aire. Simplemente se trastea a su lugar original: http://lamesadedinero1.blogspot.com, así que por favor no pierdan la esperanza de volvernos a encontrar.

Un abrazo.

lunes, 6 de abril de 2009

¿Cúal crisis?

“Sin querer queriendo”, como diría el Chavo del Ocho, más de un empresario se ha visto obligado a reducir sus costos por las amenazas de una agudización de la crisis económica que ya en Colombia empieza a oler a recesión: optan por restringir inversiones que se confunden con gastos, congelan proyectos claves y en el peor de los casos, despiden personal.

¿Será ésta la mejor solución? ¿No es en los momentos de crisis cuando se debe aprovechar para ganar participación de mercado y abonar terreno en los negocios? ¿acaso la solución está en decirle adiós al talento y llenar las vacantes con jóvenes recién graduados, que en muchos casos (no todos, aclaro) se convierten en una carga laboral adicional en las empresas?

Juan Alberto Castro, presidente de D’vinny, lo tiene más que claro. Su experiencia al frente de compañías como Sodexho Pass, Legis y hasta la sociedad que tuvo con Xiomara Xibille (sí, la misma del ilarilarié criollo) llamada Xilvestre, una cadena especializada en la comida light, son su mejor argumento para recomendar a los empresarios que en tiempos de crisis hay que invertir en talento.

Su consejo: “recluten la mejor gente y páguenles bien. El salario emocional también es clave”, afirma.

Mi percepción al observar una cifra de desempleo que alcanza 12,5 por ciento, según las estadísticas oficiales, una caída de la producción manufacturera en más de 10 por ciento y el descenso del crecimiento de la economía de 0,7 por ciento en 2008, es que algunas empresas podrían recurrir a estos pesimistas indicadores para hacer reestructuraciones de personal y tomar otro tipo de decisiones.

Pese a los recortes que van y vienen por estos días, me sorprendió gratamente cómo una empresa familiar dedicada a venta de repuestos para motos llamada Indummelbra, se resiste a dejarse arrastrar por la crisis. Le preguntaba a su gerente general, Eduardo Bustos, si las ventas habían mejorado a razón del nuevo Pico y Placa y de las averías que el invierno causaba en las motos y me dijo que, la facturación ha caído 32 por ciento desde enero, pero no están pensando en despedir a ninguno de los 78 empleados que tiene la empresa, cuya tradición supera los 30 años en el mercado local.

Al contrario, lo que la empresa plantea es que sus dueños y altos directivos se bajen los sueldos. “En épocas de crisis no se puede despedir a la gente. Lo mejor es reducir costos pero evitar los despidos. Eso lo aprendimos de la crisis de los noventa”, cuenta.

Pero hay quienes van más allá, como es el caso de Jorge Castellanos, banquero de inversión y quien capoteó con fuerza la crisis de la década pasada, cuando el sistema financiero local sí estaba directamente implicado, a diferencia de la actualidad, cuando el país es víctima de una hecatombe importada de Estados Unidos.

“¿Crisis? Yo no la he sentido, estoy haciendo más negocios que antes”, cuenta Castellanos, quien a su paso por Medellín, en el marco de la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se le veía sonriente por obra y gracia de los potenciales clientes que encontró para su recién creado fondo inmobiliario.

Más allá de las quejas y lamentos, hay que aprovechar las oportunidades que se cristalizan en los tiempos difíciles y no recurrir a estrategias desesperadas que sólo conducen a echarle leña al fuego.

lunes, 23 de febrero de 2009

Pirámides de "alto turmequé"

El caso de Bernard Madoff y ahora de Allen Stanford, un magnate estadounidense, quien tuvo el privilegio de ser recibido con ‘honores’ por el mismísimo Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, en noviembre de 2006, a propósito de su entrada al mercado colombiano mediante la compra del puesto de bolsa del cafetero Gustavo Gaviria, permite entrever que “ni las más linda, ni la más perfumada de la fiesta es necesariamente la mujer perfecta”. Ahí vienen los espejismos.

“¡Viva Colombia!” fue la frase típica de reina de belleza de la que se valió Sir Stanford cuando presentó en sociedad a su compañía, en un concurrido coctel en el Club el Nogal de Bogotá, al que asistieron ex ministros, empresarios, modelos y uno que otro ‘lagarto’ y en el que el empresario nos decía a los medios que el grupo hasta pensaba montar un banco comercial en Colombia.

Casi por la misma época, un hombre de origen humilde, pelo largo y con fuerte acogida en los sectores populares, intentaba hacer lobby en la Casa de Nariño para lograr una audiencia con el Presidente Uribe: ‘criollito’ él e igual de genio para prometer a los incautos, intereses superiores a los del sistema. Y una coincidencia: se supo después que también quería montar un banquito.

Ambos casos son repudiables, aunque resulta casi ridícula la pleitesía que se le rinde a los inversionistas extranjeros sin conocer, al detalle, de dónde provienen esos jugosos rendimientos. Y claro, si al señor Allen lo ponemos al lado de Murcia, ¿a quién se le nota más la cara de presunto estafador?

Stanford tiene ese no sé qué que se llama clase y cómo no, si es un hombre de cuna: amo y señor de la isla Antigua y Barbuda, benefactor de los pobres y desprotegidos, patrocinador de deportes como el criquet e incluso, auspiciador del golfista colombiano, Camilo Villegas. Un hombre que a finales del año pasado despertó fuertes suspicacias en Wall Street porque mientras los mercados internacionales se venían a pique, su emporio se mantenía fuerte como un roble. Por si fuera poco decía que su negocio tenía 70 años de tradición, cuando en los mercados internacionales se habla apenas de 15.

Mientras 'Sir Allen' recorría en su avión privado los 136 países de operación de Stanford, en Colombia, Murcia fue cuestionado por una colección de 15 automóviles lujosos como Ferrari, Maserratti, Mercedes Benz, así como yates y aeronaves. Una vida llena de excentricidades, que en el primer caso generaba adulaciones y en el segundo, sospechas.

En el caso de Murcia, su dinero se asoció a los negocios con Juan Carlos Ramírez Abadía, alías “Chupeta”, capturado en Brasil en 2007 y el ex jefe paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias "Macaco", extraditados a Estados Unidos bajo cargos relacionados con tráfico de cocaína. A Stanford, el FBI le indaga si tuvo nexos con el cartel de México.

Juan Carlos Hoyos, un agente financiero cuenta que estuvo a punto de ser ‘tumbado’ hace siete años cuando un colega suyo, que trabajaba en Stanford Venezuela (40 por ciento de las inversiones del conglomerado) le ofreció comercializar los productos financieros de la firma. Lo llevaron a Antigua durante cuatro días, le pagaron el mejor hotel y todo, a cambio de un negocio que nunca se concretó porque Hoyos no creía en los dichosos Certificados de Depósito a Término (CDT) a una tasa de 15 por ciento efectiva anual, cuando en el mercado no se ofrecía ni a la mitad, en ese entonces.

Algo olía mal, indudablemente. En Colombia, aunque la comisionista de bolsa salvó el honor al iniciar un proceso de devolución de los recursos de los clientes en pesos y la oficina de representación de Stanford Trust Company, cesó sus actividades de promoción y negó haber hecho actividades de captación de recursos para ofrecer productos financieros en el exterior, no deja de llamar la atención la coincidencia en que, por ejemplo, la gerenta general de la comisionista, Alba Luz Hoyos, presentara renuncia a su cargo dos semanas antes de que la Securities Exchange Comission (SEC) acusara a Allen Stanford de cometer un fraude cercano a los 8.000 millones de dólares, aduciendo motivos personales. En ese momento la comisionista esperaba una capitalización cercana a los tres millones de dólares, ya que durante dos años consecutivos reportó pérdidas en su balance.

También, y aunque la firma se anticipó a una medida cautelar de la Superintendencia Financiera, una pregunta que ronda en el ambiente es ¿por qué no hubo más exigencias en la operación local, considerando que la SEC en Estados Unidos había iniciado pesquisas, que a los empleados de Stanford Colombia les vendieron como rutinarias? ¿qué tanta vigilancia se ejerce sobre las oficinas de representación que legalmente sólo vienen a promocionar productos, pero no a captar recursos del público?.

En todo caso, los dos episodios, el de Murcia y Stanford, son igual de reprobables, cada uno en su contexto. En el caso de Murcia, la gran estafa fue para el ciudadano de a pie que buscaba rentabilidades mágicas en poco tiempo. En el segundo, a quienes con un poco más de dinero creyeron en la estrategia de la multiplicación de los recursos de Stanford. Al final, todos cayeron.

miércoles, 18 de febrero de 2009

"Voy a devolver hasta el último centavo"

Pese a que la operación en Colombia no tiene que ver con la acusación que la Securities Exchange Comission (SEC), le hizo a Allen Stanford, al señalarlo como el responsable de un fraude masivo por 8.000 millones de dólares, el gerente de la operación de la comisionista, Álvaro Cámaro, anunció la suspensión de actividades, así como el traslado y pago de los recursos de cerca de 6.000 inversionistas locales.


Después de que la Securities Exchange Comission (SEC) acusó al magnate Allen Stanford y a tres de sus compañías de cometer un fraude masivo, Álvaro Cámaro, gerente de la operación en Colombia desde hace dos semanas, no ha tenido un minuto de descanso y por ahora se dedica a capotear la tempestad de un escándalo que la prensa internacional compara con el caso de Bernard Madoff.
Aunque es claro que la comisionista local no está implicada en los hechos, el ejecutivo de treinta años de edad, no puede desconocer el nerviosismo que produjo la medida del regulador de Estados Unidos y que llevó a la administración de la firma a tomar la decisión de suspender sus operaciones como medida cautelar para garantizar la tranquilidad de cerca de seis mil clientes en el país.

¿Cuál es el procedimiento que debe seguir un inversionista que quiere trasladar sus recursos a otro puesto de bolsa?

Lo único que tiene que hacer el dueño de la cuenta es traer una comunicación a Stanford en la que diga que desea que su portafolio sea trasladado a otra firma comisionista. Ese es un trámite que se hace el mismo día y la gente va a tener sus recursos en otra firma a más tardar en la noche. Las personas que tienen saldos a favor, es decir, que tienen dinero en efectivo, simplemente solicitan que se les haga restitución de ese dinero, la compañía gira un cheque con cruce restrictivo únicamente al primer beneficiario y listo. La última fase son las carteras colectivas: hoy sale una convocatoria de adherentes que invita a una asamblea que se va a hacer el próximo miércoles para las tres carteras colectivas, en la que todos van a decidir qué quieren hacer con el dinero para proceder a la devolución de los recursos o si quieren irse con una propuesta de una administradora comisionista de bolsa o una fiduciaria.

Pero Stanford Colombia no ha cerrado sus puertas...

En este momento estamos en inactividad. No quiere decir que nos estemos liquidando sino que estamos concentrados en devolver el dinero a los inversionistas que invirtieron su plata en pesos. Ese es nuestro foco y nuestra atención prioritaria en este momento. Una vez esté solucionado empezaremos a mirar (dependiendo de quién surta en su posición de accionista), dado que en Estados Unidos están secuestrando bienes de Stanford, dará las directrices de lo que será el futuro de la compañía. Por ahora queremos un marchitamiento ordenado de las operaciones, reducir nuestra base de clientes, salir de nuestras carteras colectivas y evidentemente reducirnos a una sociedad que seguirá operando a un costo mínimo. Es un tema operativo complejo porque es atender a muchos clientes que están dando órdenes de traslado pero el estar inactivos en bolsa nos facilita este proceso.

¿Sintió el respaldo de la Superintendencia Financiera?

Lo único que ha hecho es apoyarme. He tenido la Superintendencia a mí disposición y la entidad sabe que la mejor decisión fue suspender operaciones, lo mejor para los clientes y para el mercado. Hemos girados cheques cabalmente a las personas, hemos atendido operaciones de traslados de portafolio. Estoy cumpliendo con mi palabra de que aquí estaba yo para devolver hasta el último centavo de los dineros que invirtieron en el mercado local. No tengo control del mercado externo.

¿Le generaron sospechas las pesquisas que se empezaron a hacer en Estados Unidos?

Las informaciones que recibimos de afuera, nunca tuvimos razones para no creerlas. Básicamente lo que se decía en su momento es que eran investigaciones de rutina, producto de la paranoia financiera. No habían razones para no creer, ellos tienen su mercado y su jurisdicción clara. No tenía razones para dudar, estábamos sujetos a la información que nos envían de afuera.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Oiga sumercé ¿y cómo es eso del seguro de vida? (*)

En Tuta, un municipio ubicado a 26 kilómetros de Tunja (Boyacá), con 1.600 habitantes en el casco urbano y 8.500 en el rural, desde hace dos meses se empezó a hablar de pólizas de vida.

Hace seis meses a María Yolanda Bolívar, una campesina boyacense de 28 años de edad, un toro enfurecido la puso a volar con una monumental embestida. “Por poco y me deja por fuera de este mundo. Estaba recogiendo ganado para ordeñar. Donde el animal hubiera tenido cachos, ya no estaría contando el cuento”, dice hoy entre risas. Ella, hace un mes se animó a comprar un seguro de vida, hasta entonces desconocido en su natal Tuta, por el que paga 10.000 pesos mensuales.

Lo raro es que en este pueblo los campesinos, en su mayoría agricultores de papa, cebada y ganado normando, se mueren de viejos y no precisamente de infarto, enfermedades incurables o violencia.

El artífice de esta iniciativa es Álvaro Mariño, gerente de la seccional del Banco Agrario, quien reconoce que vender seguros es más difícil que ofrecer créditos. Razones sobran: los bajos ingresos, el desconocimiento, las condiciones demográficas y hasta por ‘agüero’, hay quienes prefieren abstenerse de adquirir un amparo.

Pero los argumentos de Mariño, quien les enseña a los campesinos conceptos básicos sobre ahorro, endeudamiento y cómo manejar una tarjeta de crédito, les resultan convincentes: “¿se acuerdan del aserrador de 32 años al que le cayó un árbol encima y duró 12 horas muriéndose? ¿les gustaría dejar sin un peso a sus hijos?”.

La póliza más barata, de cinco millones de pesos y que se descuenta del crédito, le cuesta a un agricultor 4.960 pesos mensuales, lo que se gastaría en una tarde de tejo en cuatro cervezas.

Mientras María Yolanda ya empieza a preocuparse por ofrecerle una mejor vida a sus tres hijos de 4, 5 y 6 años, así como a su esposo Abinael, un cultivador de papa, cebolla y arveja, quien también tomó la póliza, las cifras de la Federación de Aseguradores Colombianos (Fasecolda) reflejan que el país está rezagado en la adquisición de este tipo de servicios.

En Colombia, se invierte un valor cercano a los 25 dólares al año en seguros de vida, es decir 50.000 pesos al año ó 4.200 pesos mensuales. “Si excluimos los ramos de seguros relacionados con la seguridad social, la cifra no superaría los 27.000 pesos anuales, es decir, 2.200 pesos mensuales”, según el director de la Cámara de Vida de la Federación de Aseguradores Colombianos (Fasecolda), Armando Zarruk.

Según el gremio, la penetración es de 2,3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y la meta es subirla a 3 por ciento en 2015. Eso no lo saben los ni los agricultores de Tuta y seguramente tampoco casi 12 millones de personas que viven en poblaciones rurales.

Pero en Tuta, la historia es otra: en un mes se han vendido 85 seguros y ante la curiosidad por el nuevo servicio, a la oficina de don Álvaro llegan los campesinos con la típica pregunta: “venga sumercé y ¿cómo es eso de los seguros de vida?”.


¿Qué dicen los agricultores?

‘Primíparo’
Don Anselmo Alba es uno de los 865 clientes activos del Banco Agrario en Tuta y reconoce que jamás en su vida había oído hablar de este tipo de amparos. De hecho, hace poco se ‘inició’ como usuario bancario con una tarjeta de crédito que apenas aprende a usar. Los cajeros electrónicos aún no los sabe manejar. “Compré un seguro de 10 millones de pesos. Uno no sabe qué puede pasar”.


Me tumbaron

Abínael Rivera se declara ‘tumbado’ por la venta de un seguro de exequias que sagradamente pagó durante cuatro años por 10.000 pesos al mes. “Al comienzo me prometieron esta vida y la otra, después nos dijeron que no cubrían ni el cajón. A ellos no los hemos vuelto a ver por el pueblo. Le dije a mi hermano: no nos pongamos a pendejiar con eso. Ahora, compré un seguro de vida”, dice.


¿Y eso cómo es?
Doña Adelina Rodríguez, aún no se anima a comprar una póliza de seguros y no puede ocultar la cara de terror que le produce el hecho de saber que va a morir en algún momento. Ella también trabaja en el campo y es persuadida a diario por otros para hacerse a una póliza, continuamente escucha historias de agricultores que se intoxicaron con insumos agropecuarios o de accidentes con máquinas en las fincas.


Un toro la animó
La embestida que le propinó un toro en la finca “Casa de Teja”, fuera del casco urbano de Tuta, hace seis meses, fue una razón de peso que animó a María Yolanda Bolívar a adquirir una póliza. Sin embargo, no sólo la vida mueve a los campesinos: la aseguradora Mapfre, ofrece coberturas de cultivos, que complementan el programa subsidiado por el gobierno que contrata coberturas climáticas, vientos fuertes, heladas, granizo e inundaciones.


Plan piloto
Tuta fue el eje de una estrategia del Banco Agrario para ofrecer pólizas a los campesinos. Según el gerente de la oficina de Tuta, Álvaro Mariño, la idea es llegar al pequeño agricultor que se dedica a actividades como la ganadería y el cultivo de frutas como las ciruelas, peras, duraznos y manzanas, que son fuertes en la región.


La competencia
Hasta ahora en el país se está abriendo paso el negocio de asegurar la vida del campesino, aunque existen iniciativas para proteger su producción en el caso de Mapfre y hasta hace algún tiempo, La Previsora. Una de las razones que inhibe el desarrollo del crédito al pequeño agricultor tiene que ver con los recurrentes subsidios que se le ofrece al campesino en caso de pérdida de cosecha. Incluso, hay pólizas que cubren siniestros mayores como los actos malintencionados de terceros, en caso de eventos terroristas en el campo.

Artículo ganador en la categoría prensa del Premio Fasecolda 2008 (*)

jueves, 4 de diciembre de 2008

¿Tiene vueltas de uno de $100.000?

Un taxi. Siete de la mañana de un nublado lunes en Bogotá. El tráfico está de infarto y tengo que llegar cuanto antes a una entrevista con un banquero importante. Busco un billete de 10.000 pesos en la billetera para pagar la carrera. Nada. Sólo se asoma la imagen de un ex presidente famoso acompañado de una serie de números y leo: cien mil pesos oro. Me quedan sólo cuatro monedas de 50 pesos. Nada qué hacer.

Empiezo a sudar de la angustia pero me atrevo y le paso el billete al conductor. “No tengo vueltas, mire a ver quién se lo cambia. La próxima vez avise”, dice. Me bajo del carro y le pregunto al vigilante del edificio que tengo a cinco metros que si tiene vueltas o que si me puede prestar. Casi llorando le imploro y prometo devolverle la plata y una propina para la gaseosa cuando termine la entrevista.

Apesadumbrado me dice: “sumercé, no tengo...” Ante la negativa, tengo dos opciones: escapar de ahí sin pagar un peso o regresar para enfrentarme a la ira de un taxista colombiano, que NUNCA tiene cambio.

Esta escena, producto de mi imaginación, es la que hoy se repite a diario con el “no muy aceptado” billete de 50.000 pesos, y podría replicarse con el de 100.000 que anunció hace unos días el ex senador Germán Vargas Lleras.

Aunque es romántica la iniciativa de que el Banco de la República se vincule al centenario del natalicio de su abuelo, el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, con la insólita cifra, no deja de resultar extraña o mejor, poco oportuna.

De hecho, en el Banco de la República nadie da razón de cuándo saldría al ‘aire’ la exótica denominación y según fuentes fidedignas, el lanzamiento no estaría previsto para 2009, como lo anunció Lleras, sino para 2012, como mínimo.

¿Será que el silencio del Emisor tiene que ver con la ausencia de su gerente por estos días? O hilando más delgado, es ¿consecuencia de una actitud políticamente correcta, considerando la aspiración presidencial de Vargas Lleras?

Hablando con los economistas y oyendo sus argumentos, lo que dicen es que es lógico que el tiempo erosione el valor de la moneda. Pero ¿estamos listos para eso?

No sé, como tampoco lo sabe Amalia, una de las digitadoras del periódico en el que trabajo, quien no puede menos que abrirme los ojos cuando le pregunto su opinión sobre la puesta en circulación del billete. “Noooo, si escasamente cambian uno de 20.000, como será uno de 100.000?. ¿Qué tal que salga falso o roto?” y se santigua.

Tampoco me imagino la cara de Carmen, una periodista de El Salvador, a quien hace pocos días le regalé un billete de 1.000 pesos como recuerdo de mi país, en un viaje con otros periodistas latinoamericanos. Ella al ver la astronómica cifra se asustó y me dijo: “no tranquila. Si no tienes monedas, no te afanes”.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Plata fácil es lo que hay

La primera vez que alguien me habló de conseguir ‘dinero fácil’ me pintó esta vida y la otra. ¿Rentabilidades de 100, 200 e incluso 500 por ciento en pocos meses?. La inversión: desde 50 dólares, es decir, hoy un poco más de 100.000 pesos.

- “¿Hay que vender sustancias sicoactivas? ¿tengo que dedicarme al oficio más antiguo del mundo? ¿debo atentar contra la vida de alguien? “, le confesé en un exagerado pero oportuno ataque de nerviosismo a un colega costeño con ganas de hacerse un dinero extra.

- ¿Y qué hay qué hacer?, le pregunté. Si es para vender maquillaje y cremas de Avon, Yanbal o planes de tiempo compartido, no cuentes conmigo. No sirvo para eso, escasamente ofrezco una noticia.

Cuando me dijo la palabra mágica, yo ya tenía una vaga referencia de la nueva “maquinita” para hacer fortunas: el fórex, un método de inversión que consiste en el intercambio de divisas mediante diferentes software especializados y llamados plataformas de operación.

- ¡Nadaaaaaa, solo consignas por Internet y listo!. Si quieres puedes tu manejar tu plata o que una persona lo haga por ti. Arriésgate, no seas boba, me dijo el costeño.

Palabras más, palabras menos, me aseguró que aparte de la rentabilidad que me genera el negocio de especular con divisas, podría ganarme una especie de “comisión” por atraer gente al negocio. Y que mi rendimiento mensual, podría ser de 10 por ciento, según lo que invirtiera.

- Ahh, es una pirámide, le dije.
- No que vá, ese es un negociazo, ¿ o quieres vivir toda la vida de periodista?, me retó.

No sé si a estas alturas sería millonaria, de haberle hecho caso al costeño, pero la verdad no me arrepiento. Lo que sí me inquieta es que, como yo, puede haber cientos de miles de colombianos que están viviendo una temporada de búsqueda de ‘dinero fácil’ por razones diversas: no están satisfechos con el salario que reciben o sencillamente, no les alcanza, son trabajadores independientes que viven al vaivén de negocios que muchas veces no se dan o se trata de desempleados que cansados de la búsqueda de oportunidades se embarcan en el espejismo de altas rentabilidades en poco tiempo.

¿Será que nos acostumbramos a la plata fácil? Sólo basta recordar lo que ocurrió con los precios de las acciones de la Bolsa de Valores de Colombia hace tres años: se multiplicaron hasta 200 por ciento. Los accionistas de empresas emblemáticas como Acerías Paz del Río, se enriquecieron con la venta de una siderúrgica por la que nadie daba un peso hace cinco años. Eso sin contar con aquellos, más experimentados que se dedicaron a especular con las entonces de moda “cuentas de margen”, un negocio en el que se involucraron amas de casa, sin la menor idea de lo que es el mercado de valores.

Eran otros tiempos. En esta nueva etapa de dinero fácil les tocó el turno a las pirámides, pero después ¿qué viene? ¿no debería haber una reflexión profunda en torno a la responsabilidad social que tiene el sistema financiero de ofrecer mejores atractivos para los clientes? ¿debería pensarse en una real campaña para incentivar el ahorro y no pensar en un “desahorro” a través de las cuentas bancarias? ¿no vale la pena ponerle un tate quieto a la usura bancaria y no sólo a la informal? ¿deberían existir mayores estímulos para la inversión en bolsa mediante el pago de comisiones de bajo monto y un manejo prudente y más transparente de los recursos?

Ya lo dijo el Presidente y ojalá la sentencia no se quede en un saludo a la bandera: hay que promover cambios en el sistema financiero para que los usuarios de menores recursos tengan oportunidades de acceso.

Ojo: la salida del aire de las pirámides y de empresas como DMG, no es la panacea. Debería ser el comienzo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Arbolito de Navidad

Nada más descriptivo que la primera tarjeta de Navidad que recibo. La envía Julián Cárdenas, analista de la firma Corredores Asociados. No puede ser màs clara la explicación gráfica sobre las actuales circunstancias de la economía.

En agosto de 2004, el Índice General de la Bolsa de Valores de Colombia se asomaba a los 2.767 puntos, una cifra bastante tímida frente a las 11.438 unidades de noviembre de 2007.

La historia ya es bastante conocida. Sólo quise destacar el arbolito: habla por sí solo. Claro, Julián se anticipó bastante...

martes, 7 de octubre de 2008

Menos mal soy pobre

Así me dijo doña Irma, la empleada de mi casa, quien a sus cuarenta y tantos años no sabe qué es Wall Street, pero con toda certeza y esos ojos grandotes me dice sin asomo de inseguridad: “¿terrible eso que está pasando en Estados Unidos no? ¡Eso es castigo de mi Dios!

Y reitera: “menos mal soy pobre”, refiriéndose a los grandes inversionistas que pierden toneladas de dinero por cuenta de la crisis.

Bueno doña Irma, el “castigo” nos toca a todos. O si no mire lo que acaba de pasar en Europa: a los ministros de economía les tocó reunirse y acordar una serie de medidas para aliviar los efectos en el sistema financiero y hasta en Colombia nuestro Ministro de Hacienda acordó un encuentro con la banca multilateral para crear una línea de crédito que le permita a los bancos contar con liquidez, en caso de cualquier destorcida.

Por si fuera poco el Fondo Monetario Internacional (Fondo qué?, dice ella) puede terminar replanteando la meta de crecimiento mundial, incluyendo su país, doña Irma.

Mejor dicho, usted es pobre pero no está exenta del todo. Piénselo de esta manera: cotiza en un fondo de pensiones, que aunque no está “tan” expuesto a títulos hipotecarios de Estados Unidos, sí tiene papeles colombianos que inevitablemente sentirán los estragos de lo que pasa afuera, es decir, acciones y bonos del gobierno.

Ni qué decir de la grabadora y del DVD que vio tan baratos en el supermercado: resulta que por cuenta de ese nerviosismo el dólar, que hasta hace unos meses ostentaba el título de la moneda más desprestigiada del mundo, ahora vuelve a su antiguo trono y propicia alzas en los productos y servicios importados.

Y sí: de pronto usted no compró acciones de Ecopetrol, como casi 500.000 colombianos, y tal vez no se haya desvivido por la iguana en la asamblea de accionistas de la petrolera, como tampoco haya recibido ningún dividendo por obra y gracia de las abultadas utilidades de la compañía, quizá haya pensado en algún momento y con un dinerito extra, invertir en estas acciones para intentar asegurarle un futuro a sus hijos. En ese caso debería importarle que el precio del crudo esté cayendo y que la consentida petrolera esté sujeta a los vaivenes del mercado.

También, doña Irma, si la economía crece menos, los bancos no prestan tan fácil como antes y las empresas empiezan a pensar en recortar personal (¡Dios no lo quiera!), puede pasar que su actual patrona sea víctima de la coyuntura y por lo tanto decida prescindir de sus servicios.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

El 'rollo' con los conflictos de interés

Parte de la confianza de un inversionista del mercado depende de la idoneidad de sus intermediarios. Por eso, el proyecto de circular externa que busca poner en cintura las inversiones propias de los corredores de bolsa u otros agentes y los intereses de la firma en determinado negocio, permitirá que por fin se le rindan cuentas al usuario, como debe ser.

Por ejemplo, si la compañía Papagayo Valores, tiene una participación, o como se dice en el argot bursátil, una posición en acciones de Ecopetrol, debe informarlo a su base de clientes cuando emite un concepto sobre la compañía. De igual forma, el corredor debe hacer públicas sus inversiones personales ante la casa de bolsa y los usuarios, cuando haya lugar a un conflicto de interés.

La medida, que hoy ostenta el título de proyecto de circular externa, suena bastante bien y aporta a un mercado de valores en el que hay voces que reclaman un manejo transparente de los recursos, sin lugar a manipulaciones.

Es evidente que la intención con esta iniciativa promovida por el Autorregulador del Mercado de Valores (AMV) permite la “limpieza” de un negocio en el que se mueven intereses particulares, combinados con las esperanzas de los inversionistas, quienes basados en la relación de confianza, creen plenamente en las recomendaciones de la firma.

Sin embargo, preocupa que la iniciativa se convierta en un ‘saludo a la bandera’ y que la exigencia no se cumpla a cabalidad. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, la circular que promovió el ex superintendente de Valores, Clemente del Valle, en la que recordaba a las compañías que los puestos de bolsa no se deben exigir garantías como la casa, el carro o la finca a sus corredores, como requisito fundamental para operar en una mesa de dinero? Aunque hoy no hay constancias ni papeles que comprueben que aún persiste la práctica irregular en algunas firmas, los propios agentes del mercado reconocen que este proceder no está del todo extinto.

Sería bueno que de la mano de la normativa, las autoridades, en cabeza de la Superintendencia Financiera, le hicieran un seguimiento riguroso a la información que emiten las compañías y que en ocasiones y tal vez de manera ingenua, reproducimos los medios. Estas exigencias permitirán vincular un mayor número de personas y de empresas a un mercado de valores en evolución.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

La fiebre por el forex

¿Se imagina que de 5.000 dólares que invirtiera en un negocio terminara el año con una suma cercana a los 13.400 dólares? Además de eso, ¿sin hacer mucho esfuerzo, ni pagar cuatro por mil ni otras arandelas financieras? ¿Será que de eso tan bueno si dan tanto?

El ‘boom’ de las mesas de dinero y de compañías domiciliadas en Panamá, Madrid y otras ciudades del mundo y que ofrecen en Colombia inversiones en monedas, sin costos de comisiones, con rentabilidades exageradas y ‘aseguradas’ han llegado a oídos de las propias autoridades del mercado como la Superintendencia Financiera de Colombia, que no tiene la facultad de regular este negocio, el más líquido del mundo.

Los métodos varían, pero uno de los más populares tiene que ver con la vinculación a una empresa con un depósito mínimo de 100 dólares, en el que se ‘garantizan’ intereses mínimos de 10 por ciento mensual ¡y en dólares!

Otro consiste en ofrecer comisiones o bonos de lo invertido por otros clientes mediante un esquema publicitario que no les cuesta ni un solo peso: el voz a voz. Un sistema de mercadeo que ha llevado a que una de estas compañías haya pasado de 40.000 inversionistas en diciembre de 2007 a 88.000 personas en la actualidad.

¿Preocupante? El superintendente financiero, César Prado, ya le puso ‘el ojo’ al mecanismo y aunque por ahora no ha oficializado ninguna suspensión de actividades, es claro que para el regulador una compañía que ofrezca un servicio de naturaleza financiera sin estar domiciliada en Colombia, es ilegal.

Lo grave del asunto es que quienes invierten, aún a sabiendas de que se trata de un mercado arriesgado y sin vigilancia del gobierno, se atreven a dar el salto. Por ahora, no se conocen casos de clientes ‘quebrados’ en el negocio, pero como dicen los abuelos: lo que sube como palma baja como coco.

Sin embargo, Néstor Pérez (*), un ex comerciante que vendió su taller de conversión a gas decidió dejar todo por el forex desde septiembre de 2007, cuando entró de cabeza en el negocio.

Su capital inicial: 3.000 dólares. Hoy Pérez tiene una ‘fortuna’ calculada en 16.000 dólares y se dedica día y noche a este mercado que nunca duerme. “Todo lo que me he fregado en la vida cuando trabajé como joyero y las quiebras que tuve en otros negocios, me demuestran que el único mercado ganado es éste”, dice.

La intermediación


Una de las motivaciones que lleva a las personas a buscar el denominado ‘dinero fácil’ se argumenta en la fuerte tasa de intermediación bancaria, en la que Colombia ocupa los primeros lugares.

Si se habla de Certificados de Depósito a Término (CDT) y de cuentas de ahorro, los rendimientos no son los más atractivos. En el caso de los primeros tímidamente alcanzan 10 por ciento efectivo anual. En la bolsa las acciones más representativas del mercado han reportado descensos en los precios (más de 16 por ciento en lo corrido del año) y comprar dólares como en el pasado, ya no se perfila como una opción interesante en los portafolios.

¿Grave? como lo comenta un agente de bolsa que prefiere no ser citado, se han visto casos de personas que venden el carro y la casa para invertirlos en forex.

Incluso, con este negocio se hacen obras sociales. En una emisión pasada el programa “Las voces del secuestro” del periodista Erbin Hoyos, se logró que empresas del sector real apadrinaran ex secuestrados mediante cuentas en forex. Todo con la intención de evitar que los liberados se queden en la calle, como le sucedió a un ex policía que se dedicó a recoger comida en las canecas de basura para su hija y su esposa en la zona del Cartucho, en el sur de Bogotá.

viernes, 29 de agosto de 2008

Los ‘chepitos’ maleducados

La Superintendencia Financiera acaba de publicar un proyecto de circular externa con el que se pretende proteger al consumidor que por alguna circunstancia se ‘cuelga’ en el pago de alguna obligación y termina siendo objeto de abuso bancario.

La normatividad sale en un momento crucial para el mercado: la cartera vencida, es decir, los créditos colgados entre mayo y junio pasado creció a un ritmo de 56 por ciento, lo que significa que después de la ‘fiesta del consumo’ y del gasto exacerbado, en algunos casos, sobrevino la dura realidad de intereses más altos que llevan a que los usuarios estemos menos holgados que antes y que sus créditos hayan incurrido en mora.

Llama la atención del proyecto de circular que se les exige a las entidades que el cobro se haga de manera respetuosa y en horarios adecuados. ¿A un amigo, familiar o a usted mismo le ha pasado que lo llaman el domingo a las siete de la mañana del departamento de cobranzas de una reputada casa bancaria y sin más ni más le van preguntando el día y hora exacta en la que cancelará su deuda?

Claro, la idea de todo ‘buen cristiano’ es estar al día con sus obligaciones, pero también es evidente que el mecanismo de persuasión bancaria debe ser menos coercitivo y más conciliador.

Por lo menos esa es una de las premisas que destacó en un congreso de cobranzas que realizó la firma Covinoc: que las firmas deben ser más ‘amigables’ a la hora de hacer este tipo de gestiones.

El gobierno también destaca que se debe difundir de manera clara y precisa al momento del desembolso del crédito las políticas y mecanismos de casa entidad para efectuar la gestión de cobranza prejudicial, así como los gastos derivados de dicha gestión.

El proyecto también precisa que la firma “debe abstenerse de realizar cobro alguno por concepto de gastos de cobranza prejudicial sin haber desplegado una actividad real encaminada efectivamente a dicha gestión y sin que dichos gastos hayan sido pactados y previamente informados a los deudores”.

También se debe dejar constancia documental de las gestiones realizadas para la recuperación de cartera y de la información que se suministró a los deudores.

Ojalá esta iniciativa no se quede en el tintero, porque si bien cumplir con las deudas es un deber, tampoco hay que permitir abusos de nadie.

martes, 26 de agosto de 2008

Los nuevos emprendedores


Ex corredores de bolsa han invertido hasta en estaciones de gasolina y han abierto los ojos ante otros negocios.



Leía hace unos días que en Wall Street ya es normal encontrar a antiguos corredores y banqueros de inversión trabajando como dueños de restaurantes, empresarios e incluso, como comerciantes de productos para mascotas. En Colombia, aunque la dimensión de la desaceleración en el mercado de valores no es comparable con la de Estados Unidos (se habla de pérdidas por cerca de 500.000 millones de dólares en esa economía), es claro que los corredores de bolsa han sentido en carne propia los embates de un menor dinamismo del negocio, aunque en la mayoría de los casos esa situación ha sido capoteada con altura.

Los más veteranos del mercado anticiparon la ‘destorcida’ y salieron a tiempo del negocio que por mucho tiempo llenó sus bolsillos: la especulación con títulos de tesorería (TES) ó posición propia. Pasaron de manejar portafolios de 10.000 millones de pesos a montar criaderos de caballos, fábricas de muebles, comercializadoras de juguetes e incluso estaciones de gasolina, que con los precios de los combustibles se han convertido en una rentable opción de negocio.

Los que se quedaron en las mesas de dinero lo tienen claro: el norte de las firmas y de los operadores del mercado ya no son ni las cuentas de margen (contratos de compras al ‘debe’ de papeles), ni la especulación con TES y mucho menos los millonarios portafolios del pasado. Ahora el negocio es la administración de liquidez y la búsqueda de clientes personas naturales.

Los que se fueron ya son vistos como emprendedores, es decir, empresarios que se atrevieron a dar el salto, generan empleo y logran salir de la zona de ‘confort’ que en su momento fue la bolsa, cuando todos ganaban porque las condiciones del mercado eran favorables.

Pero también están los que se quedaron, aunque en condiciones menos atractivas que las de antes: por ejemplo un vendedor ‘estrella’ se podía ganar 20 millones de pesos al mes hace dos años y hoy lo hace en 8 millones de pesos. La diferencia: hoy su esfuerzo es superior y su cabeza debe estar abierta a la innovación porque el mercado dejó de ser el mismo.

Hoy un recién egresado se puede ganar 1,5 millones de pesos cuando en el pasado el sueldo oscilaba entre los 2,5 y 5 millones de pesos.

“Las crisis sirven para poner los pies sobre los tierra. Es sano entender que sembrando todos los días se puede recoger y cuando está en bonanza seguir haciéndolo”, comenta una operadora, que en sus ‘mejores tiempos’ logró hacerse una fortuna y que hoy, aunque se gana 95 por ciento menos que hace dos años, es feliz porque aprendió el valor del dinero y está empeñada en sacar adelante su pequeña empresa.

Eso no quiere decir que el negocio de bolsa no sea rentable, ni más faltaba, dicen los propios agentes del mercado. Lo que pasa es que con las condiciones actuales no se puede pensar en rendimientos en el corto plazo como sí ocurría en el pasado.

“Uno no puede levantar una familia apostando”, cuenta un operador, quien se refiere a un colega suyo que dejó atrás su puesto en una de las comisionistas más grandes para trabajar en el sector público, después de sufrir las consecuencias de los altibajos del mercado.

Aunque en la vida es apenas natural que todo ‘cuarto de hora’ termine en algún momento, el verdadero valor se mide por la grandeza que nace en medio de las vicisitudes.

martes, 12 de agosto de 2008

¡Quéjese!


Colombia es el país del Sagrado Corazón, del Divino Niño, del fútbol, del narcotráfico, pero también de las quejas. Si no lo cree observe su entorno: sus compañeros se lamentan por el exceso de trabajo, por la lluvia, por los trancones, por lo "malos" que son los hombres o las mujeres, por falta de plata y por las injusticias de las entidades financieras.

Mientras que en el país se cuentan 15’514.000 personas ‘bancarizadas’ y una cifra cercana, a vuelo de pájaro, de 15 millones de transacciones en tres meses, el total de reclamos reportados, con corte al primer trimestre del año, es de 186.944. Claro, los usuarios indirectos del sistema, es decir los que tienen que pagar un servicio o producto y no tienen acceso a los bancos también entran en el grupo.

¿Pocas? ¿muchas quejas? Sólo haga este ejercicio: pregúntele a cualquier persona si en algún momento se ha sentido mal atendido, liquidado o informado por una entidad financiera. Alguien seguramente tendrá algo que decirle: que la entidad le exigió un ‘platal’ por una consignación nacional, que mientras en Bogotá no le cobran por sacar del cajero en otra ciudad la cifra puede llegar a los 4.000 pesos por transacción, que le liquidaron mal un crédito, que le clonaron la tarjeta, que bla, bla, bla. La pregunta es ¿usted alguna vez ha hecho oficial su queja?

Y aunque muchos usuarios piensan que si recurren a la casa bancaria no les darán la razón, la verdad es que las estadísticas muestran que hay esperanzas: de 188.483 quejas resueltas en el primer trimestre del año y en el caso de reportes interpuestos ante los bancos, 59 por ciento de las solicitudes se han resuelto a favor del cliente. En el caso de los defensores del usuario, 53 por ciento favorecen a las personas, aunque los trámites resueltos por la Superintendencia Financiera lo hacen en 32 por ciento.

¿Cómo hacerlo? Cuando usted sienta vulnerado sus derechos no tema dar el paso. Lo primero es reunir sus datos personales (nombre, identificación, teléfonos), hacer una detallada descripción de los hechos y los derechos que cree le han sido vulnerados, con los soportes del caso y dirigir la queja ante el defensor, el propio banco o la Superintendencia Financiera.

¿Cuánto se demora? Depende. No es lo mismo resolver una queja de un pensionado de Ecopetrol que trabajó en Barranca, Cartagena y Bogotá y para quien es indispensable reunir todo un historial laboral de años, que para alguien a quien por error le hayan realizado una doble cobranza de una cuota de manejo ó porque la máquina se haya quedado sin luz. En esos casos el trámite se puede tardar 24 horas.

“Todos tenemos derecho a saber qué producto compramos, cómo nos abonan los pagos, qué tasa de interés nos cobran”, dice uno de los famosos ‘tramitadores’ de estas quejas.

Y en el caso del sector financiero el tema es aún más delicado por tratarse de dinero. O si no ¿cómo han salido a la luz pública escándalos como el incumplimiento de las órdenes de los clientes que compraron acciones de Ecopetrol, en el caso de Intervalores? O la reciente historia de un comisionista expulsado del mercado porque ejecutó compras y ventas en la bolsa sin previa autorización del cliente? Pues por las quejas.

Como me dice un amigo: no es lo mismo quejarse por una bolsa de leche que salió cortada, que hacerlo por un crédito mal liquidado.

Lo invito a comentar su queja...

martes, 5 de agosto de 2008

¿El CDT sigue siendo el rey?





Pese a los ajustes en las tasas de interés, hay opciones más rentables.

Un ajuste adicional en las tasas de interés del Banco de la República, necesario y doloroso para los técnicos del mercado, permite el regreso a la popularidad del otrora más impopular de los papeles financieros, el Certificado de Depósito a Término (CDT).

Pese a que este título es una opción más ‘segura’, aunque con una rentabilidad más conservadora (9,5 por ciento en el mejor de los casos), la verdad es que la pregunta que se hace el ciudadano de a pie, ese mismo que ve a los bancos como entidades que ‘nunca pierden’, se pregunta ¿por qué hay una diferencia tan grande entre la tasa en la que se presta frente a la que se ofrece para ahorrar? ¿Será que si hay una verdadera resurrección del CDT?

Llamé a uno de los bancos que ofrece mayor tasa en estos títulos. Por 10 millones de pesos invertidos me ofrecieron una tasa de 9,25 por ciento efectivo anual. ¿Tentador? Al término de un año tendría 925.000 pesos (sin descuentos).

Sin embargo, le pregunté al vendedor cuánto me cobraría la entidad por un préstamo por esa misma cantidad y al mismo plazo. La cifra habla por sí sola: 30,60 por ciento efectivo anual, lo que significa que por esos 10 millones de pesos pagaría al finalizar el año 3’060.000 pesos. Mi conclusión: en Colombia no se premia al que ahorra, sino que, al contrario, se castiga.

A eso es lo que llaman margen de intermediación, que en Colombia es de los más altos que hay. Y ahí viene la otra pregunta: Si se pretende bancarizar a más de 70 por ciento de la población que no tiene acceso al sistema¿se podrá lograr con un estímulo tan limitado?

Claro, con esto la pretensión no es descalificar esta opción financiera que gana más adeptos y más cuando la política del Banco de la República ha llevado a las tasas a niveles que no se observaban hace dos años, cuando el CDT era visto casi con desprecio y fue sustituido (en algunos casos) por inversiones en la boyante bolsa local.

Sin embargo, tras consultar otras opciones más rentables que estos papeles, me encontré con este panorama: invertir esos mismos 10 millones de pesos en una cartera colectiva indexada en facturas y pagarés puede reportar una rentabilidad de 13 por ciento (1’300.000 más); en un bono pensional atado a la inflación más cinco puntos, algo así como 1’100.000 y un TES del gobierno al 10,52 por ciento (1’050.000 pesos).
Bueno, y si hablamos de acciones, aumenta el riesgo pero también el margen de ganancias: empresas energéticas, de comercio minorista, telecomunicaciones, alimentos y cemento. Inversiones no muy conservadoras como los CDT porque se trata de papeles de renta variable, valga la aclaración.

Entonces, mientras las abuelitas se pondrían felices sabiendo que el tradicional CDT paga cada vez una mejor tasa, resulta un poco triste saber que si se quisieran endeudar en Colombia, les saldrían muchas más canas.

viernes, 1 de agosto de 2008

Suramericana, otra que quiere ir a Wall Street

Siguiendo los pasos de Bancolombia, Ecopetrol e ISA, la compañía anunció que adelanta los trámites para incursionar en la bolsa de Nueva York mediante el Programa American Depositary Receipts (ADR) Nivel I.

La idea, con esta iniciativa es acceder a los mercados internacionales, ofrecer una mayor liquidez a los títulos y alcanzar una mayor base de accionistas.

Esta incursión en Nivel I aunque no representa una gran liquidez de este emisor en la bolsa de Nueva York porque se negociaría en el mercado de mostrador (OTC) y no directamente en el Nyse, es un paso crucial para el negocio accionario en Colombia porque muestra alternativas diferentes de colocación de títulos.

La compañía, perteneciente al Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) reportó un crecimiento de sus beneficios de 50.433 millones de pesos, cifra que la compañía sustenta en un mayor valor de los dividendos, beneficio en venta de sus inversiones, una leve recuperación de los precios en bolsa y al incremento de los ingresos por utilidades de sus filiales.

¿Qué razón motiva a este emisor, que antes de Ecopetrol era el ‘peso pesado’ en la Bolsa de Valores de Colombia? Para Felipe Campos, analista de acciones de Alianza Valores la empresa estaría en la búsqueda de inversionistas internacionales que quieran invertir en dólares y no en pesos, sumado a que la imposición de un control de capitales desestimula la inversión en el mercado de renta variable.

Suramericana de Inversiones, la holding de inversiones del GEA y uno de los emisores más líquidos del mercado, fue desplazado por Ecopetrol (37,05 por ciento), con una participación de 10,11 por ciento en el grupo de las acciones más representativas de la Bolsa de Valores de Colombia.

A 30 de junio de este año, el valor patrimonial de la acción de Suraminv se ubicó en 19.060 pesos.

Suramericana es un accionista clave de Inversiones Argos y de Inversura, otro portafolio que maneja inversiones del GEA en el mercado local.

El título reportó un alza de 2,84 por ciento, a 16.680 pesos, en la Bolsa de Valores de Colombia.

¿Qué dice el mercado?

Una de las razones, (aunque no es la única) que pudo motivar la búsqueda de otras plazas bursátiles a los accionistas de Suramericana es la restricción de los capitales extranjeros. Un desestímulo que los llevó a pensar en un antiguo adagio popular: “si la montaña no viene a mí…”

Aunque la entrada de Suramericana no tendría aún grandes implicaciones, según Johann Castro de Corredores Asociados, porque el título no tendría (por ahora) la liquidez de Ecopetrol que está en nivel II y por eso le resta importancia a la intención, para el analista de Stanford, se trata de un paso importante hacia la internacionalización del mercado de capitales local.

En sintonía con la apreciación de Jiménez, el analista de Alianza Valores considera que se trata de una buena noticia, aunque resta por definir la fecha concreta en la que inscribiría el ADR.


Una acción subvalorada

Según un informe de la comisionista Bolsa y Renta de Medellín, el título debería transarse a un mayor precio. “Cuando un inversionista compra hoy el título, tiene acceso a las acciones que componen su portafolio de inversión por 16,5 por ciento menos de lo que se podría comprar ese portafolio en el mercado”.

En la actualidad la compañía reporta una capitalización bursátil de 7,62 billones de pesos y cuenta con 457 millones de acciones en circulación.

martes, 29 de julio de 2008

¿Se perdió el semestre?

Sin la entrada de Ecopetrol a la BVC, los resultados serían aún más débiles.

Sin duda el fenómeno bursátil de este semestre fue Ecopetrol, que no sólo logró la valorización más destacada del mercado (20,79 por ciento, según Bloomberg), sino que ‘opacó’ a joyas de la corona como Suramericana de Inversiones y Bancolombia, con un volumen de negociaciones de 6,2 billones de pesos, cinco veces más que Fabricato, su siguiente competidor.

Y aunque se trata de un emisor de honor que permitió que cerca de 500.000 colombianos entraran al que muchos consideraban ‘curubito bursátil’, agentes del mercado reconocen que el sinónimo de Bolsa de Valores es Ecopetrol.

¿Qué habría pasado si este emisor, cuyo peso en la bolsa es de 37,09 por ciento, por encima de Sura (10,11 por ciento) y Bancolombia (6,23 por ciento), no estuviera en nuestra acreditada plaza?

Algunos prefieren no pensarlo. En lo corrido del año, el Índice General de la Bolsa de Valores de Colombia cae más de 17 por ciento y el promedio de transacciones diarias en renta variable alcanza los 111.955 millones de pesos, cuando en el primer semestre de 2007 era de 93.769 millones de pesos. Así que vuelvo a la pregunta ¿sin Ecopetrol qué habría ocurrido?

“Ecopetrol le quitó brillo a las demás acciones del índice. Seguramente los volúmenes de negociación serían más bajos que ahora”, dice un operador.

Razones sobran: la restricción de los capitales limitan la inversión en esta clase de títulos, el costo de endeudamiento de las compañías es hoy más alto por las mayores tasas de interés (lo que se refleja en los precios de las acciones) y la revaluación del peso que afectan compañías cuyos ingresos dependen del exterior o a
quienes compiten con las de afuera.

Según un estudio de la firma Stanford Bolsa y Banca, de no haber sido por Ecopetrol (que también resultó favorecida por los altos precios del petróleo), el Igbc, que es una muestra de nuestras acciones más representativas, habría caído no 17 por ciento, sino 23 por ciento, a 8.220 puntos, para tristeza de quienes han volteado a ver la renta variable como una opción rentable de inversión.

Pocas como ella, generaron una rentabilidad tan jugosa. Las más cercanas fueron ISA e Isagen, con variaciones de 5,07 por ciento y 0,97 por ciento, también del sector energético en el que se mueve la petrolera.

Y ese brillo puede durar mucho tiempo en la bolsa. Mucho más cuando a finales de septiembre la acción haga parte de las grandes ligas al entrar a la Bolsa de Nueva York.

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Bogota, Colombia
Editora financiera del diario La Republica