Quiero compartir con ustedes un par de notas del especial que circuló con el periódico de la asamblea de accionistas de Ecopetrol. Sólo les puedo decir que fue un encuentro que me gocé de principio a fin y que me permitió acercarme a parte de ese 10,1 por ciento que invirtió dinero en la petrolera. Ahí les va.
“Los ciegos también somos visionarios”, dice Manuel Avendaño, un pensionado que durante 43 años se desempeñó como maestro de escuela y quien a pesar de ser invidente de nacimiento, considera que tiene ‘buen ojo’ para los negocios y por eso le madrugó a la asamblea de accionistas más grande en la historia del país.
Es la primera vez en la vida que Avendaño invierte en la bolsa y cómo no: en su natal Sogamoso (Boyacá) poco se oía hablar de acciones y dividendos. Sólo hasta el año pasado, cuando gracias a un pleito pudo recuperar el dinero de su pensión, se animó a comprar y conservar los cuatro millones de pesos que invirtió en los títulos de Ecopetrol.
Y aunque no puede ver, fue quien más fuerte entonó el Himno Nacional en el pabellón cuatro de Corferias en Bogotá, cuando se abrió paso el encuentro al que asistieron más de 12.000 personas, cuando se esperaban 10.000. No era concierto de rock, ni una jornada electoral, tampoco una larga fila de pensionados esperando su mesada. Sencillamente se celebraba la asamblea de accionistas más grande de la historia del país, superior con creces a las de Acerías Paz del Río y Bavaria.
“¿Qué voy a hacer con la plata? Quiero tener una vejez más o menos tranquila. Soy una persona que sobrepasa los 70 años y quisiera vivir el ocaso de mi existencia con dignidad. Convivo con mi esposa y tengo un hijo que estudió filosofía y todavía depende de mí”, dice, aún emocionado porque hace rato no ‘oía’ a tanta gente junta.
En cambio, la historia de Armando Narváez, caleño y también mayor de 70 años, como gran parte de los asistentes a la multitudinaria asamblea de accionistas, es menos romántica. Cuenta que por culpa de un vecino ruidoso, que tenía una fábrica de camisas justo arriba de su pequeño apartamento en el barrio Villamaría de Suba, en el occidente de Bogotá, optó por vender su apartamento en 42 millones de pesos y con la ganancia compró 30.000 acciones de Ecopetrol, que si las vendiera hoy recibiría casi 62,4 millones de pesos, sin contar con dividendos por 3,4 millones de pesos.
“Ahora vivo en arriendo, a una cuadra de mi antigua casa. Pago 320.000 pesos de alquiler, duermo tranquilo y estoy esperando que la acción suba por encima de 2.500 pesos”, afirma este hombre de traje almidonado y pañuelo en el bolsillo, quien pese a ser casi como un nuevo rico, tuvo que resistir casi siete horas en el recinto ferial y tomar un bus de vuelta a casa.
Dejó las vacas
Otra es la historia de Anastasia de Córdoba , viuda, quien con junto con su familia invirtió 10 millones de pesos en títulos de Ecopetrol y abandonó por unas horas su ganado Holstein de Sibaté, en Cundinamarca, para presenciar el histórico acto.
“Queremos saber donde invertimos y hacer parte de las decisiones”, dice convencida de que este negocio, como el de la ganadería al que se dedicó cuando falleció su marido, le dará buenos dividendos.
“Soy afortunada. ¿No ve que invierto en ganado?”, dice entre risas la mujer, quien ahora espera disfrutar del dinero para ‘capitalizarse’, como ella misma dice.
Alfredo Salamanca, jubilado de Ecopetrol y quien se endilga las funciones de supervisor de perforación hace unos años, dice que invirtió casi a ciegas en la compañía porque desde el primer año de vida se crió en Barrancabermeja y conoce ‘al dedillo’ el negocio petrolero. “Hubieran vendido acciones cuando estábamos trabajando allá. Nos habríamos evitado tantas huelgas. Creo que habría trabajado con más empeño, al saber que yo tenía un pedacito de la empresa”, dice el ex empleado, quien decidió retirarse apenas comenzó la asamblea porque el sonido del recinto estaba muy fuerte.
viernes, 28 de marzo de 2008
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Periodista
- Alina Camacho Hauad
- Bogota, Colombia
- Editora financiera del diario La Republica
4 comentarios:
No se si se puede sumar los 3.4 millones de pesos de dividendos que cobrara el señor Narvaez al valor de 62.4 millones de pesos que sus acciones valen ahora. El precio de hoy de las acciones ya incluye en gran parte los dividendos. Lo que significa que una vez que que las acciones negocien ex-dividendo, es muy probable que el valor de las acciones caiga por el mismo valor que el dividendo. O sea que no se puede vender las acciones a 62 millones de pesos y luego cobrar los dividendos por 3 millones mas. Cuidate, Alina.
Los $3,4 millones de pesos si se pueden sumar bajo el supuesto de mantener las acciones al menos hasta el pago de la última cuota. En síntesis, de forma independiente al valor de mercado, los cierto es que de recibir las cuatro cuotas el Sr. Narvaez estará sumando en términos de caja $3,4 millones de pesos.
El posible impacto mencionado anteriormente pueda ser visto al final del pago de la última cuota, sin embargo, si la compañía mantiene su tendencia creciente se diluye el "impacto negativo" del pago. EL precio finalmente depende de las expectativas futuras de generación de beneficios y no necesariamente del pago de una cuota en el dividendo. Si la compañía mantiene su tendencia creciente muy seguramente el impacto en el precio durante los períodos exdividendo es practicamente nulo. Para esto vale la pena recordar lo que sucedió y ha sucedido con ISA desde la primera emisión.
Muy cierto. De hecho, desde que se anunció el dividendo, la accion subio 80 pesos o sea mucho mas que la primera cuota del dividendo.
En todo caso para los que compraron fue un buen negocio. Yo no estaba tan optimista y tampoco compré, en parte porque creo en la existencia d eun conflicto de interés.
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